Me cuesta bastante ponerme morena y no me gusta exponerme al sol durante mucho rato. Es por esto que decidí buscar recetas de autobronceadores naturales. He encontrado    dos, una con henna, que hasta ahora no he probado porque me da “miedito” terminar naranja, y otra con té negro, que sí me he decido a probar. Os cuento mi experiencia.

En primer lugar os diré que no es un autobronceador propiamente dicho. Funciona más bien a modo de maquillaje, porque el efecto desaparece si nos lavamos la zona con agua. Yo lo probé en todo el cuerpo, incluso en la cara.

La receta: 

Ponemos a hervir medio litro de agua, retiramos e infusionamos de 10 a 15 bolsitas de té negro. Esperamos que se enfríe, aplicamos sobre la piel de manera uniforme y dejamos que se seque al aire.

Mi experiencia:

Decidí aplicarlo con un pulverizador para lograr un resultado más uniforme. En mi caso fue un error por varios motivos. En primer lugar el te negro mancha bastante, y la bañera y la cortina de ducha terminaron más bronceadas que yo misma. Además, si el pulverizado es muy fino, quedan zonas sin cubrir. Y si es más generoso, el producto al final se acumula y chorrea, dejando un acabado poco uniforme.

Otra de las opciones de la receta era un baño de inmersión disolviendo la infusión en el agua. Ésta no la he probado pero tal como quedó mi bañera, que es blanca, creo que no la probaré.

El resultado:

Cuando el producto estuvo seco sobre la piel, fue un color dorado muy favorecedor, aunque no quedó uniforme en las las zonas menos hidratadas de las piernas.

El producto lo apliqué por la tarde y al ducharme a la mañana siguiente, el efecto desapareció.

Mi consejo:

Podemos aplicar la infusión con un algodón empapado justo antes de arreglarnos pero teniendo en cuenta que si la zona se moja, el efecto desaparecerá.